Nuevos escenarios, nuevos desafíos

Autor:  Lic. Mercedes Aranguren, presidente de Fundación Convivir
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La participación es de gran relevancia para el desarrollo de las políticas sobre drogas. Para poder organizarse y trabajar en red con los distintos actores presentes en la comunidad y dar respuestas asertivas a las demandas que se presentan, es necesario desarrollar la capacidad de anticipar, de promover acciones y procesos que generen sinergias y colaboración entre estos actores, reconociendo los recursos existentes y promoviendo su participación.

El esfuerzo que realizan las organizaciones especializadas desde los distintos abordajes clínicos, comunitarios y académicos para lograr la integración social de las personas que tienen problemas con el consumo de sustancias psicoactivas, puede verse entorpecido por la dificultad de lograr una coordinación real y efectiva entre los distintos actores involucrados, principalmente entre el gobierno y la sociedad civil.

Hoy, la desigualdad ha colocado en el centro del debate público y académico un enfoque multidimensional con conceptos como exclusión social, pobreza, bienestar y condiciones de vida, principalmente de las poblaciones en condiciones de vulnerabilidad social. Podemos considerar dos planos posibles sobre este fenómeno: por un lado las consecuencias de la desigualdad para la sociedad en general y, por el otro, para aquellas personas que la sufren en forma directa y personal.

Dice José Luis Pardo: “El malestar comienza cuando el Estado deja de ofrecer refugio contra la desigualdad, porque se pudre el vínculo social y cada vecino se convierte en un competidor que hay que abatir o en una carga de la que hay que desprenderse”.

Es entonces cuando la sociedad civil, a través de las organizaciones de distinto grado, asume una participación de incidencia en su capacidad de articulación y desarrollo de diálogo entre la sociedad y el gobierno, tornándose en el principal instrumento de agregación de intereses, dando un contenido real al concepto de representación.

Por ello, aparece como una prioridad el desarrollo de contextos que posibiliten a las personas recuperar sus derechos vulnerados y una mejor calidad de vida, revertir el “ciclo corto” de la vida de los más pobres que resalta el vivir más o menos tiempo según sus condiciones de vida. En este proceso en tránsito, los gobiernos y la sociedad civil tienen una responsabilidad de trabajo colectivo en la formulación de políticas sociales, en la construcción de sistemas de protección y en la atención de las personas con problemas vinculados al consumo de sustancias psicoactivas y a sus familias, temas de nuestro especial interés.

Las políticas públicas representan un instrumento valioso, disponible en la actualidad para enfrentar a la comunidad y a las personas con sus verdaderos intereses, opciones y valores. Por lo tanto, es nuestra responsabilidad proveer medios institucionales para el reconocimiento y la aceptación de los grupos de excluidos e incidir en el desarrollo de políticas diferenciadas para satisfacer necesidades particulares de los diversos grupos sociales, transformando una política de adherencia y obediencia a una política de alianza y protagonismo, para que puedan ser incluidas en las comunidades de acuerdo con sus necesidades.

Las prioridades serían poner la salud pública de las personas en primer lugar; facilitar y adecuar la accesibilidad a los tratamientos con los recursos necesarios; asegurar el acceso a los medicamentos esenciales; desarrollar un plan nacional respetando las culturas regionales; reorientar las medidas de represión del narcotráfico hacia las organizaciones criminales y regular el mercado de la droga, para que los gobiernos realmente asuman el control, entre otras.

Pensar los nuevos escenarios con relación al consumo de sustancias psicoactivas, ubica a la persona y su contexto en el centro de la cuestión. Dejar de focalizar la mirada y la preocupación en las sustancias y otras conductas asociadas, nos permite ver las situaciones de riesgo que conllevan a comportamientos problemáticos, que generan procesos de exclusión y que dificultan la integración social.

Asimismo es necesario pensar en red. Habitamos una sociedad global e interconectada, en la cual las necesidades de unos son cubiertas por las habilidades de otros, y viceversa. Continuamente establecemos relaciones de reciprocidad. Todos somos parte de alguna red, y a su vez estas redes están todas interconectadas entre sí, en una gran matriz que da sentido a una comunidad a partir del sistema de interconexiones sociales.

Conectar con el prójimo resulta ser una parte natural y necesaria de nuestra vida, y constituye tanto potencia inclusiva como también fuente de vulnerabilidad. De esta manera, las redes sociales son las mediaciones a través de las cuales es posible entender e incidir en el proceso de salud/enfermedad o bienestar/malestar.

Es así como cada sujeto se encuentra en conexión con otros, según cierta modalidad de relación con las redes, y es en las interacciones y en la construcción de vínculos donde pueden darse las acciones de prevención. Los actores y los grupos sociales, en todos los niveles de relación, se controlan, intercambian sus verdades o no, se connotan, se definen.

Con relación a la “problemática del consumo de sustancias psicoactivas”, se hace necesario incorporar en su análisis no solo a las personas que se ven afectadas por el consumo, sino también al espacio social en el que se desarrollan, la cultura del contexto al que pertenecen, las distintas modalidades de tratamientos, las políticas públicas, los organismos de control y todas aquellas variables que influyen en su avance.

La necesidad de plantear un entendimiento integral de la problemática nos lleva a trabajar en la búsqueda de nuevas metodologías de abordaje y de una nueva conceptualización del “problema de las sustancias psicoactivas”, a partir del trabajo sobre el campo de las conexiones y de las redes de relacionamiento.

Trabajar en una red para la prevención, para el tratamiento de problemas de consumos y otras situaciones de sufrimiento social implica que la atención debería ubicarse no tanto en lo sujetos de una red, sino en las conexiones e interconexiones que se producen entre esos nodos. Nuestro trabajo en la red debe tener como objeto cada una de las conexiones que se producen y no quedar focalizados en las terminales. Implica evidenciar la ubicación de cada individuo en la complejidad de relaciones existentes en una red, explicitarla, comprender su funcionamiento. Por otro lado, exige ayudar a la persona a entender cómo establece y utiliza esa relación con su red de pertenencia para poder iniciar un proceso de salud/bienestar.

Las personas consumidoras de sustancias deberían participar de esa visibilización de los distintos elementos que intervienen en el proceso salud/enfermedad en general, y en el consumo de sustancias en particular, para que se comprenda cómo los grupos sociales explican la enfermedad y cómo imaginan y conceptualizan el problema.

La red puede ser un elemento extremadamente poderoso, capaz de producir tanto sufrimiento como bienestar. Al fortalecer su capacidad positiva, se invita a los sujetos que la constituyen a que se conecten, desconecten y reconecten mediante nuevos significados, nuevas posibilidades, nuevas subjetividades, nuevas estructuras y nuevas relaciones materiales/simbólicas que les brinde seguridad…pero también nos insta a resignificar permanentemente las prácticas y estrategias de nuestro trabajo cotidiano.

Para lograrlo debemos superar las propias representaciones mentales sobre cómo funcionan nuestras organizaciones, buscando mejorar nuestra capacidad de articulación e identidad institucional; gestionar el conocimiento entre pares e interdisciplinariamente, promoviendo la incidencia colaborativa.

Fundación Convivir fue creada el 27 de junio de 1985. Luego de una trayectoria tan extensa en la que hemos crecido y adquirido una especialización significativa, consideramos propicia la conmemoración de estos 30 años para editar este libro que compila textos de especialistas en la temática que nos convoca. Anhelamos que nuestra publicación se constituya en un espacio para pensar, debatir y actuar ante los desafíos que nos plantean los nuevos escenarios, y que sirva para reflexionar, desde diversas ópticas, sobre la efectividad de las políticas públicas sobre drogas frente al aumento de la demanda.