La necesidad de políticas públicas proactivas

Autor: Mg. Roberto Moro
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Existe una estrecha relación entre las pautas culturales y el comportamiento sanitario de las personas, en el que inciden tanto costumbres como valores, mitos y creencias.

Es decir que cuando observamos las conductas de riesgo en nuestras sociedades, podemos ver de qué manera el contexto cultural puede actuar como factor predisponente asociado a una multicausalidad, condicionante o precipitante de trastornos de conductas. Asimismo, las manifestaciones y el contenido también tendrán relación con la cultura en que se dan.

Es por eso que cobra fundamental importancia el diagnóstico científico como una herramienta que aporta tanto a la investigación como a la metodología. Para instrumentar acciones y estrategias de promoción, prevención y asistencia en conductas de riesgo, el conocimiento de la realidad cultural local de la comunidad, contribuye a evitar desaciertos de pre concepto que suelen significar el fracaso de las políticas diseñadas.

¿Qué parte le toca a la política social?

En las últimas décadas, la aplicación de políticas sociales neoliberales produjo procesos de exclusión que trajeron aparejadas una importante fragmentación social y el aumento de la violencia. Todo esto impactó en las instituciones de la modernidad, como el Estado, la escuela, la familia y en los modos en que los actores sociales se relacionan entre sí.

Asimismo, deberemos tener en cuenta el nuevo paradigma de la lectura de la realidad, enmarcado, como lo denomina Edgar Morín, en una visión en donde se lo coloca al sujeto como protagonista de la construcción de su realidad, invitándonos a utilizar el concepto de individuo auto-eco-organizado.

El hecho de concebir este problema como fenómeno social emergente del propio desarrollo de la comunidad permite comprometer a la población en la búsqueda de soluciones para sí misma. Este esquema posibilita, a su vez, actuar tanto sobre las causas que originan las conductas del uso indebido, como sobre las consecuencias de tal accionar.

De esta manera, la prevención deja de ser un asunto sólo de expertos, para habilitar a toda la comunidad en la tarea preventiva, en la búsqueda constante y en la construcción colectiva del conocimiento, así como en la toma de decisiones.

De lugar sagrado a predilección por un producto

El problema de “la droga” reviste innumerables aristas. En tanto acontecimiento humano, se produce en una dimensión histórica: el problema droga se constituyó como tal en la modernidad, cuando lo tradicional y lo divino dejaron de ser los valores dominantes que daban sentido a la existencia. Fue entonces que se produjeron rupturas en las formas de regulación colectiva que pusieron en cuestión la estabilidad de los lazos sociales y permitieron el desarrollo y la valoración de la subjetividad individual. El uso de drogas fue perdiendo así su sentido de “facilitador del vínculo social” o de “vehículo hacia lo sagrado” y se convirtió en una práctica privada que refería a la predilección por un producto.

En este punto, se constata –a partir de estudios científicos- que se está asistiendo a un cambio en el fenómeno del consumo de drogas en cuanto a patrones culturales de lo mediterráneo a lo anglosajón, la edad de inicio, percepción del riesgo, el consumo abusivo de alcohol los fin de semana, buscando un efecto farmacológico de la sustancia, el aumento de consumo en psicofármacos, la intencionalidad de los consumos y la dependencia a las sustancias en edades cada vez más tempranas.

El rol del Estado

Los programas sociales o educativos, como el programa educativo preventivo “Aprendiendo a Crecer” del gobierno pampeano, son medios fundamentales para provocar impactos y lograr resultados, que ayuden a transformar la situación de la población involucrada. Por eso, es importante asegurar que tenga un desempeño efectivo la inversión social que se realice a través de estos programas.

Es un deber indelegable del Estado tomar posición e intervención, a través de un conjunto de estrategias en las cuestiones sociales, sanitarias, educativas, de seguridad, económicas, etc. Por lo general, el inicio de una adicción va relacionado con variables complejas que tienen que ver con la edad, hábitos de vida, entorno familiar, escolar, y contexto social que rodea a la persona. También con los grupos de presión, las alternativas de ocio y tiempo libre, con la disponibilidad de acceder a las sustancias y por supuesto con los recursos personales con los que se desenvuelve el sujeto ante la sociedad para lograr su propia realización.

El abordaje de esta problemática debe tener en cuenta dicha complejidad, de modo que las medidas que se adopten formen parte de una amplia política socio-sanitaria que integre todas las acciones tendientes a optimizar los recursos en educación, salud y las condiciones de vida de los ciudadanos.

Cómo prevenir

Gerald Caplan1 fue uno de los pioneros en conceptualizar una psiquiatría preventiva, promoviendo un pasaje en su momento revolucionario, del acto médico psiquiátrico individual y organicista, al acto científico social. Creador de los conceptos de prevención primaria, secundaria y terciaria, construyó un modelo de intervención socio-comunitario basado en su teoría de aportes básicos y crisis vitales.

Caplan sistematiza una serie de acciones socio-sanitarias e interpersonales que constituyen los pilares de una planificación preventiva comunitaria, integrando a profesionales de la salud, líderes comunitarios en el rol de agentes preventores y funcionarios municipales, en una concepción metodológica integral.

Desde aquí surgirán los enfoques ecológicos (Urie Bronfenbrenner2, “Ecología del desarrollo humano”) que distinguirán factores de riesgo y de protección según las condiciones determinantes en las que se desarrolla un sujeto en relación bi-direccional y dinámica con su ambiente (macro-meso-microsistema), a lo largo de su vida.

Estos modelos teóricos son algunos de los que han constituido los principales ejes conceptuales-metodológicos para el accionar preventivo también en el campo de las tóxicas dependencias de los últimos tiempos. Escuelas preventivas, ciudades preventivas, representan el ideario de la constitución de un ambiente óptimo para el desarrollo de un sujeto sano en relación a un entorno saludable y posibilitante.

Asimismo, es dable mencionar que habitualmente cuando se trata el tema del abuso de sustancias psicoactivas, hay tres grandes fuerzas que son las que lo impulsan y le dan forma. Una tiene que ver con la disponibilidad, otra es la vulnerabilidad, y por último lo que se denomina tolerancia social. Entre la disponibilidad de las sustancias, la vulnerabilidad que tienen los grupos sociales y la mirada social -que puede censurar o aprobar-, toma la forma este problema que es el uso de sustancias psicoactivas; que no es igual ni es homogéneo; tiene diferentes manifestaciones.

Por un lado, tiene la manifestación de aquellas poblaciones de alto riesgo, que básicamente han hecho del consumo un consumo regular, que dan la expresión a los problemas más apremiantes, a veces incluso convertidos en los únicos representantes del problema, y que configura lo que técnicamente se denomina prevención indicada. No caben dudas, entonces, que este problema que vemos, que “aflora”, es “la punta del iceberg”, es normalmente la que se identifica con el problema, la que captura la atención y la alarma social.

Pero hay que prestar especial atención a lo que transcurre “por debajo” de este “iceberg” y que son las poblaciones de riesgo, porque ya están en el uso experimental o esporádico y que configuran el campo de la prevención selectiva (consumo perjudicial). Como se dijo, esta parte del “témpano” está sumergida, transcurre sin ser objeto de mensaje en los medios o programas masivos, es una parte que no llama la atención porque está inmersa dentro de lo que llamamos tolerancia social, y la tolerancia social es la sociedad; la sociedad con aquello que de alguna manera acepta resignadamente, porque piensa que no se puede cambiar.

Cuando un adolescente ha incorporado que las situaciones difíciles se resuelven negándolas, hay una problemática de adicción, aun cuando la sustancia no está presente. Esto también es parte del problema y es lo que se denominan estrategias necesarias dentro de la prevención universal: Trabajar sobre el sistema de representaciones que legitiman la introducción de nuevas sustancias, nuevos usos, o nuevas asociaciones.

Igualmente, siempre se debe sensibilizar a la población en la toma de conciencia que a mayor participación social, menos posibilidades de desarrollo de las adicciones y que el mejor programa de prevención es aquel que no se ocupa de las drogas sino de lo que faltó antes: educación, salud, justicia, trabajo, valores, conciencia social.

Una estrategia válida: educación en inteligencia emocional

La escuela de hoy sigue influenciada por corrientes vinculadas con el trabajo intelectual y le presta poca atención a la enseñanza de habilidades emocionales. A nadie le extraña que un alumno tenga que hacer muchos ejercicios para resolver aspectos lógicos y matemáticos, sin embargo no se plantea la necesidad de enseñar a los alumnos autocontrol, por ejemplo.

El conocimiento de las emociones implica reconocer un sentimiento en el mismo momento en el que aparece. Percibir las propias emociones supone saber prestar atención al propio estado interno. Las emociones determinan cómo responder, comunicarse, comportarse y funcionar en la vida diaria.

El término inteligencia emocional es relativamente nuevo. Aparece por primera vez en 1990, en un artículo publicado por Meter Salovey y John Mayer. Pero fue Daniel Goleman (psicólogo y periodista americano) quien puso de moda este concepto en 1995, en su libro “Inteligencia emocional”.

“La capacidad de establecer contacto con los propios sentimientos, discernir entre ellos y aprovechar este conocimiento para orientar nuestra conducta y la capacidad de discernir y responder adecuadamente a los estados de ánimo, temperamento, motivaciones y deseos de los demás” (Goleman, 1997:42).

Todos sabemos que si un niño manifiesta estrés, depresión, baja autoestima o escasa relación con sus pares, está asegurado su fracaso escolar. Por eso, desde la educación emocional, resulta imprescindible abordar aspectos que ayuden a los niños y adolescentes a enfrentarse al aprendizaje con otro tipo de herramientas. Desde esta visión se convierte en una forma de prevención inespecífica (como ejemplo el programa Aprendiendo a Crecer de la provincia de La Pampa, desde Nivel Inicial) que puede tener efectos positivos en la prevención de la violencia, el consumo de drogas, el estrés, el fracaso escolar.

La cultura escolar es emancipadora sólo si la educación escolar se hace cargo de un aprendizaje esencial que es el aprendizaje autónomo. Porque a través de él, un sujeto se enfrenta a problemas y se apropia de los medios para resolverlos.

A modo de síntesis

Tomando las ideas de Einstein, que ante una crisis no alcanza el conocimiento, hay que utilizar el ingenio. Estamos ante una epidemia que nos invita permanentemente a adoptar esta actitud.

Y también debemos recordar que en este espacio de acción social en el que estamos trabajando, hay cinco parámetros que siempre debemos tener en cuenta: despojarnos de las certezas; tener en claro nuestros prejuicios en este tema; saber cuáles son nuestros valores; tener coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos y por último, mucha pero mucha tolerancia a la frustración.